Hace frío. Y el frío es motivo suficiente para que nieve. Y tú estarás en algún baile de palacio hortera, cubierta de cristal, jugando con muñecas articuladas de plástico. Enamorada de la niña que tarareaba Extremoduro en el patio de su celda de monjas. Callada, como una puta sin valor. Recuerda, a mí no me queda mucho que olvidar. Nieva. Y las ventanas me convocan al encuentro con el paisaje. Y la ciudad parece cubierta de nata. Tengo hambre. Y el hambre es motivo suficiente para comerme la noche. Porque todavía no estoy muerta. Y la vida no es un motivo suficiente, pero tú, ignorante, tú tampoco supiste serlo.

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