Sin titularte.

Todavía sigo buscando esa palabra que empiece y acabe por ti,
que me haga querer tirarte los dados a la puta cara y decir:
de oca a oca y tiro porque me tocas.
Y entonces susurrarte muy alto que eres mi metáfora preferida
o que a la chica planetaria le lloran los satélites por no ser mis siete pecados capitales: los siete lunares de tu espalda.

Cuando me secaste las pestañas no pude olvidar los huracanes de tus labios en veinte días; imagínate ahora.
Porque tú, fin, justificas mis medios
y yo me rompo por ti, si luego te reconstruyes conmigo.

Hoy he tomado café para desayunar, y me ha sabido tan amargo como cuando no estás a mi lado cada vez que quiero versarte.
Te he encontrado y me sigo buscando. Se podría decir que me he perdido en tus profundidades, de donde me niego a salir a menos que me lo pidas en nuestro diciembre preferido.

Aun no he aprendido a escribir sin que sepa a ti.
Sin saberme a mí, contigo.
(Tampoco creo que lo haga.)

Me niego a ponerte punto final
aunque te has empezado a dibujar como punto principio con tu centro en mi ombligo,
por eso ahora me escribo en los márgenes y no me tacho las faltas de inspiración.

Vuélveme del revés y dime:
más vale lo malo conocido que conocerte en las malas,
pero solo por eso
me pienso quedar.

IMG_2213.PNG

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