Como coches bomba.

He descubierto que somos coches bomba en nuestro propio corazón,
viajando entre vértebras en busca de esa tormenta interior a la que gritarle,
porque estamos demasiado cansados de hacerlo con nosotros mismos.
Porque el miedo me ha mordido la cara pero yo le he inundado los pulmones de un beso,
mi niña interior ha jugado con el lobo aunque no supieses curar heridas
y he sido veneno y antídoto en la misma cara de la misma moneda.

Porque también he sido débil, pero nunca ruinas como Roma
más trece que martes, cortándome las alas
y todavía sigo soplándome en la punta de mi iceberg deseando convertirme en tu invierno.

Ahora, decidme que no tengo cojones.

Me he reinventado trece veces, por todas las que te he echado de menos
y en todas, todas ellas
he acabado cerrándome las puertas para no escribir más líneas sin otro destino que no sea el tuyo.

IMG_2291.JPG
Todo se debe a que (yo) no quiero ni una de cal, ni una de arena
sino todas de tu boca para salvar a la mía
y ponerme de puntillas para alcanzar la luna,
o tu barbilla.

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